
“Yo no veo futuro”: Mónica, mujer trans maya Q"eqchi ’, habla sobre la violencia y discriminación en Guatemala
Ser mujer trans e indígena implica enfrentar múltiples formas de discriminación que pocas veces son abordadas dentro de los espacios de discusión sobre diversidad sexual y de género.

Para Mónica, mujer trans maya Q"eqchi de 34 años, defender su identidad también significa preservar sus raíces, reconocer su historia y resistir las estructuras sociales que continúan excluyendo a las personas trans pertenecientes a pueblos originarios.
En entrevista exclusiva con Ámame Trans MX, comparte su experiencia como mujer trans indígena en Guatemala, las dificultades que enfrentan las personas LGBT+ en sus comunidades, la falta de reconocimiento institucional y las razones por las que considera que el futuro de esta población continúa siendo incierto.
Eres una mujer trans maya Q"eqchi y guatemalteca. Cuando el mundo intenta colocarnos en una sola etiqueta, ¿cómo explicas quién eres sin tener que separar ninguna de esas partes de tu identidad?
Es una pregunta muy profunda porque todavía existen muchas cosas por las que debemos luchar. Para reconocer quién soy y no perder mi identidad, tengo que ser una mujer fuerte y tenaz.
Es complejo vivir tu identidad de género, ser quien eres y, además, pertenecer a un pueblo indígena. Hay muchas problemáticas en nuestros territorios y tenemos que seguir resistiendo. La violencia está muy arraigada a nuestra existencia y muchas veces debemos luchar incluso dentro de nuestras propias comunidades.
¿En qué momento comprendiste que ser una mujer trans indígena no significaba alejarte de tus raíces, sino que también podías defenderlas y transformar esos espacios desde tu identidad?
Para reconocer quién soy, primero tengo que conocer mi historia. Tengo que saber de dónde vengo, quién soy y qué ocurrió antes de la invasión española en nuestros pueblos.
Reconocerme como indígena ha sido un orgullo, pero también una forma de resistencia. Significa visibilizar todo aquello que históricamente ha sido invisibilizado en nuestras comunidades.
También implica conservar nuestro idioma, conectar con nuestra gente y enfrentar las barreras que existen en nuestros territorios. No es algo sencillo porque muchas veces tenemos que resistir dentro de nuestros propios pueblos.

La violencia contra las personas trans indígenas en Guatemala
En México y otros países latinoamericanos conocemos las cifras de violencia contra las personas trans, pero poco se habla de Guatemala. ¿Cómo es actualmente la situación de las mujeres trans indígenas en tus territorios?
Prefiero hablar desde mi territorio porque no todas las realidades de Guatemala son iguales. Las formas de violencia son distintas dependiendo de la comunidad.
Hay compañeras, compañeros y compañeres que tienen que huir de sus comunidades por amenazas y agresiones relacionadas con su identidad de género u orientación sexual.
Muchas personas crecemos dentro de familias religiosas y, cuando asumimos nuestra identidad, podemos enfrentar el rechazo de nuestros padres, madres, hermanos y de la comunidad.
Eso provoca que muchas personas tengan que migrar para buscar una vida diferente. Otras no tienen esa posibilidad y deben permanecer soportando humillaciones y violencia.
También hemos conocido casos de personas que han perdido la vida por suicidio debido a las situaciones de violencia que enfrentaban.
A todo esto se suman los problemas relacionados con nuestras tierras, los desplazamientos y la discriminación en los servicios de salud.
Hay compañeras que han sido asesinadas y otras que han sufrido violencia dentro de sus propias comunidades. Es una realidad muy fuerte.
La invisibilización dentro del movimiento LGBT+
Desde fuera solemos hablar de la comunidad trans latinoamericana como si todas las personas viviéramos una misma realidad. ¿Qué crees que el resto de Latinoamérica todavía no entiende sobre la vida de las personas trans indígenas en Guatemala?
Dentro de los propios movimientos trans también existe violencia. Hay racismo, discriminación, exclusión y falta de reconocimiento hacia las personas indígenas.
He participado y observado diferentes espacios nacionales e internacionales, pero muchas veces no encuentro a mujeres trans indígenas hablando de sus propias realidades.
Entre la población trans también se invisibiliza a las mujeres trans indígenas.
En Guatemala tenemos diferentes pueblos y culturas: maya, xinca, garífuna y población ladina o mestiza. Pero ¿dónde están las mujeres trans de estos pueblos? Existen, pero muchas veces no son escuchadas ni reconocidas.
También sucede que una mujer trans mestiza o ladina pretende hablar por las mujeres indígenas sin conocer nuestro contexto.
Eso también es una forma de violencia, porque no se nos permite contar nuestras propias experiencias.
Incluso hay personas que prefieren ocultar sus raíces indígenas para evitar ser discriminadas por su color de piel o por su apariencia.
Es una situación muy compleja porque, al intentar protegerse del rechazo, terminan negando una parte de su propia identidad.

¿Cuáles consideras que son los principales retos que enfrentan actualmente las mujeres trans indígenas?
Uno de los retos más grandes es continuar posicionándonos y haciendo escuchar nuestras voces.
Tenemos que seguir hablando, debatiendo y explicando nuestras realidades, incluso dentro de los propios movimientos LGBT+.
No podemos comparar las experiencias de todas las personas trans porque nuestros contextos son diferentes.
La realidad de una mujer trans indígena no necesariamente es la misma que la de una mujer trans que vive en una ciudad o pertenece a otro grupo cultural.
Necesitamos que se reconozcan esas diferencias y que nuestras experiencias también formen parte de las discusiones sobre derechos humanos.
El reconocimiento legal de la identidad de género
Has conseguido que tu nombre sea reconocido legalmente, pero un documento puede cambiar antes que una sociedad. ¿Qué batalla comienza después de conseguir que tu nombre aparezca en tus documentos?
Tenemos que seguir luchando por muchas cosas. En Guatemala podemos realizar trámites para cambiar nuestro nombre, pero eso no significa que exista un reconocimiento integral de nuestra identidad de género.
Puedes tener tu nombre en los documentos y aun así encontrarte con personas que no respetan tu identidad.
Por ejemplo, cuando llegas a un banco, a un centro de salud o a cualquier establecimiento, puedes encontrarte con alguien que, por sus creencias, no te reconoce como mujer.
Eso nos coloca en situaciones de vulnerabilidad.
En los hospitales también ocurre. Cuando una compañera necesita ser ingresada, el personal puede comenzar a debatir si debe colocarla en un área de hombres o de mujeres.
En ocasiones no saben dónde ubicarla y eso provoca situaciones discriminatorias.
El problema no es solamente que se reconozca nuestro nombre, sino que también se respete nuestra identidad y nuestra dignidad.

¿Qué ocurre con las políticas de atención integral para las personas trans en Guatemala y por qué consideras que todavía existen tantas dificultades para aplicarlas?
Existe una estrategia de atención integral para personas trans que contempla el periodo de 2016 a 2030, pero seguimos enfrentando dificultades para que se aplique correctamente.
A pesar de que el personal recibe capacitaciones, todavía encontramos situaciones en las que no se respeta nuestra identidad.
Tenemos que continuar exigiendo que se nos atienda con dignidad.
No puede ser que existan documentos y programas institucionales mientras las personas trans siguen enfrentando discriminación al acudir a los servicios de salud.
La atención no debería depender de las creencias personales de quienes trabajan en esas instituciones.
“Yo no veo futuro”: la realidad de Guatemala dentro de diez años
Si volviéramos a encontrarnos dentro de diez años y Guatemala hubiera cambiado, ¿qué situaciones que hoy enfrenta una mujer trans indígena ya no deberían existir?
Yo no veo futuro. No puedo ver futuro porque ya lo hubiera visto.
Tengo 34 años y durante toda mi vida he visto cómo continúa la violencia a nuestro alrededor.
No puedo decir que dentro de diez años tendremos una ley de identidad de género o que existirán leyes que realmente garanticen nuestros derechos, porque llevamos mucho tiempo luchando por esas cosas.
Hemos visto iniciativas que no avanzan y obstáculos que continúan presentes.
No puedo asegurar que las próximas generaciones tendrán todos esos derechos. Siento que muchas cosas podrían seguir igual o incluso empeorar.
Los gobiernos cambian, pero las situaciones que enfrentamos continúan.
También existen problemas para denunciar los crímenes de odio y conseguir que las instituciones den seguimiento a los casos.
Es muy complejo imaginar un futuro diferente cuando durante tantos años has observado que la violencia sigue presente.
El sueño de convertirse en abogada
Después de todo lo que has tenido que atravesar para ocupar tu lugar en el mundo, ¿qué sueño personal todavía te falta por cumplir?
Durante mucho tiempo no había pensado realmente en cuáles eran mis sueños o qué quería llegar a ser.
Cuando comencé a involucrarme en la defensa de los derechos humanos, empecé a reflexionar sobre muchas cosas.
He visto que hay compañeras que sufren violencia, presentan denuncias y no son escuchadas. Hay casos que no reciben seguimiento y personas que no consiguen acompañamiento legal.
Eso me hizo pensar en la necesidad que existe de contar con personas que puedan defendernos.
Si la vida lo permite, mi sueño es convertirme en abogada.
Quiero prepararme para acompañar a mis compañeras y ayudarlas cuando enfrenten situaciones de violencia o discriminación.
Me gustaría poder brindarles orientación y defender sus derechos, porque muchas veces no encuentran quién las apoye.

También has hablado de los estereotipos que existen sobre las mujeres trans y sus posibilidades profesionales. ¿Qué tendría que cambiar para que más compañeras puedan cumplir sus sueños?
Tenemos que comenzar por cambiar la manera en que la sociedad nos ve.
Muchas veces se piensa que las mujeres trans solamente podemos dedicarnos a actividades relacionadas con la belleza, como ser estilistas, maquillar o decorar espacios.
Pero no todas queremos dedicarnos a eso. Cada una tiene sus propias aspiraciones.
Hay compañeras que sueñan con estudiar y convertirse en profesionales, pero enfrentan obstáculos y negativas que terminan alejándolas de sus metas.
Yo retomé mis estudios el año pasado y ha sido parte de mi proceso para seguir adelante.
Cuando era pequeña imaginaba otras cosas para mi vida. Nunca pensé que terminaría involucrándome en el activismo y la defensa de los derechos humanos.
Pero conocer mis derechos me permitió comprender muchas situaciones de violencia que antes podían parecer normales.
Tenemos que dejar de normalizar la violencia y comenzar a reconocerla para poder enfrentarla.
Un mensaje para las nuevas generaciones trans finalmente, ¿qué mensaje te gustaría compartir con las personas trans de México, Guatemala y el resto de Latinoamérica?
Primero tenemos que reconocer que tener una identidad de género o una orientación sexual diversa no significa tener una enfermedad mental.
Somos seres humanos. Tenemos derechos, sentimientos, corazón, pensamos y sentimos como cualquier otra persona.
Todavía existen muchos estereotipos y prejuicios que debemos romper.
Hay personas que creen que por convivir con alguien LGBT+ pueden adquirir su orientación sexual o identidad de género, y eso demuestra cuánto desconocimiento sigue existiendo.
También tenemos que reflexionar sobre la influencia de la religión en las decisiones del Estado.
Las creencias religiosas no deberían utilizarse
para negar los derechos de otras personas.
Necesitamos aprender a respetarnos, escucharnos y reconocer que todas las personas tenemos derecho a vivir con dignidad.
Una voz indígena que exige ser escuchada
La historia de Mónica refleja que las experiencias de las personas trans en Latinoamérica no pueden entenderse desde una sola perspectiva.
La identidad de género, el origen étnico, el territorio, las condiciones económicas y el acceso a los derechos humanos influyen de distintas maneras en la vida de cada persona.
Su testimonio también cuestiona las desigualdades que persisten dentro de los propios movimientos LGBT+, donde las voces indígenas continúan reclamando espacios de representación.
Aunque Mónica expresa que le resulta difícil imaginar un futuro diferente para las mujeres trans indígenas de Guatemala, mantiene una aspiración que continúa impulsándola: convertirse en abogada para acompañar a quienes enfrentan discriminación y violencia.
Su historia recuerda que las mujeres trans indígenas no solamente luchan por sobrevivir: también tienen sueños, proyectos profesionales y el derecho a construir su propio futuro sin renunciar a sus raíces.



