
Morganna Love: “Nunca debemos quedarnos con ganas de nada en esta vida”
Morganna Love es cantante de ópera, actriz, escritora y una de las figuras trans mexicanas con mayor presencia dentro del mundo artístico. Su historia quedó plasmada en el documental Made in Bangkok y en su libro autobiográfico En el cuerpo correcto. También ha participado en producciones como Sirena y Rosario Tijeras, además de prestar su voz a Blanca Evangelista en el doblaje latinoamericano de Pose.

A lo largo de su trayectoria, Morganna ha conquistado escenarios como el Palacio de Bellas Artes y ha demostrado que su identidad es solamente una parte de una carrera construida desde la disciplina, el talento y la pasión.
En entrevista con Ámame Trans MX, Morganna Love habló sobre el momento en el que los medios dejaron de enfocarse únicamente en su transición para reconocerla como artista, su camino dentro de la ópera, la importancia de representar dignamente a las personas trans, su relación con el cuerpo, los rechazos que marcaron su vida y el mensaje que desea dejarles a las nuevas generaciones.
Durante muchos años, los medios se interesaban primero en tu transición y después en tu talento. ¿En qué momento sentiste que dejaron de entrevistarte por ser una mujer trans y comenzaron a reconocerte verdaderamente como artista?
“Cuando dejé de hablar sobre el tema trans; cuando yo misma les puse un alto y les dije: “Creo que tengo cosas más interesantes que contar que lo que tengo o tuve entre las piernas”.
En ese momento comenzaron a enfocarse y a preguntarme sobre mi carrera, mi pasión por la música, mi incursión en la actuación y todo lo que estaba haciendo, porque se dieron cuenta de que, independientemente de todo lo relacionado con mi transición, era una artista.
Ese fue el parteaguas para que dijeran: “Okay, creo que lo que debía contar sobre mi transición ya está. Que vean Made in Bangkok, que lean En el cuerpo correcto; ahora vamos a preguntar otras cosas”.
Fue ahí donde sentí que ya habían dejado de preguntarme sobre lo de siempre. Gracias por preguntarme eso. Estoy feliz de platicar contigo”.
La ópera es un espacio marcado por tradiciones y estructuras muy rígidas.
¿Alguna vez sentiste que podrías entrar a esos escenarios, pero que no podrías permanecer completamente dentro de ese círculo?
“No, nunca lo sentí, porque yo comencé dentro de un género, si así lo podemos decir, correspondiente a una época de la ópera: el barroco, cuando no se permitía a las mujeres subir al escenario y entraron en escena los famosos castrati.
Antes de mi transición, comencé a interpretar esos roles como cantante. Yo era contratenor y ocupaba papeles femeninos debido a mi tesitura, que era sumamente aguda. De alguna manera, antes de mi transición ya me estaba adelantando a lo que sería esa parte musical de mi vida.
Comencé interpretando al personaje de la reina Dido, en Dido y Eneas, y después de mi transición permanecí en esos roles, que estaban perfectamente hechos para una voz como la mía.
Siempre tuve esa libertad de transitar entre géneros, de caminar y nadar entre ellos. Además, tuve la fortuna de trabajar con gente muy abierta de mente y muy exitosa, como el maestro Eduardo García Barrios, director de orquesta que nos dirigió durante muchísimo tiempo, y el maestro Alexandre Sabat, quien era nuestro maestro de canto y actuación.
Ellos me dieron la libertad de transicionar libremente y de retomar roles que estaban escritos para voces como la mía. Por eso no fue difícil para mí continuar cantando música barroca y ahora es lo que hago”.

En el caso de Made in Bangkok, el documental mostró una parte muy íntima de tu vida. Si pudieras recuperar una escena o incluso una emoción que entregaste públicamente, ¿cuál sería y por qué?
”¡Qué gran pregunta! Creo que tengo dos escenas importantes desde mi punto de vista.
La primera sería cuando despierto de mi cirugía. Creo que fue el momento en el que dije y pensé, tanto en mi corazón como en mi mente: “Esto ya terminó. Ya terminé mi transición, ya me siento libre, me siento en paz; en paz interior y en paz con todo el mundo. Ahora vamos a enfocarnos en la ópera, en lo mío, en la música, en la actuación y en todo lo que venga. Ya terminé con esto”.
La segunda sería la parte familiar, cuando decido hacer lo que tenga que hacer y “disfrazarme”, entre comillas, porque ahora sabemos que la ropa no tiene género. Fue cuando decidí continuar insistiendo en el amor hacia mi familia, con la esperanza de que ellos también pudieran recuperar el amor que teníamos. Y sucedió.
Creo que esas dos escenas son las más importantes para mí: una representa el amor propio y la otra, el amor hacia mi gente cercana.
Has interpretado distintos personajes, principalmente personajes trans, como Blanca Evangelista en el doblaje de Pose. ¿Cómo evitas que la industria convierta la representación en una nueva forma de encasillarte?
Ay, no me importa. Yo no me siento encasillada, ¿sabes? Creo que es todo lo contrario, porque no he interpretado únicamente personajes trans.
Afortunadamente hice Sirena. No me refiero al personaje de Rosario Tijeras, sino a la película Sirena, una producción independiente de Ayutla, Jalisco, dirigida por Miguel Ángel Contreras Pelayo.
Él nunca pensó que una mujer trans fuera la protagonista de su película. Me vio, observó mis rasgos, me escuchó cantar y dijo: “Es ella”. Después se enteró de que yo era una mujer trans y respondió: “Okay”.
El productor le preguntó: “¿Cómo?”, y él contestó: “No me importa. Quiero que ella sea la protagonista”. El personaje no estaba escrito para una mujer trans.
Por eso no me siento encasillada, porque ya he tenido la fortuna de interpretar papeles que no son trans. Evidentemente, es una realidad que la mayoría de mis personajes sí lo son, pero me encanta.
Me encanta porque tener representación trans en la pantalla es algo cuya importancia tardamos mucho tiempo en comprender como población trans. Cuando las nuevas generaciones me ven, piensan: “¡Wow! Yo también puedo aparecer en Rosario Tijeras, yo también puedo salir en una película, yo también puedo subirme a los escenarios y puedo hacer lo que quiera con mi vida”.
Finalmente, eso es lo verdaderamente importante para mí. Interpretaré todos los papeles trans que quieran, siempre y cuando sean tratados y escritos con dignidad.
Ese ha sido uno de mis puntos: “Órale, lo hago; hago el casting o interpreto el papel, pero primero vamos a leer el guion, vamos a ver de qué trata y cómo termina mi personaje”.

En México, la representación trans estuvo marcada durante muchos años por el amarillismo.
¿Qué importancia tiene que las historias y los personajes trans sean presentados con dignidad?
Ojalá no tuviera que ser así. Ojalá todo el mundo nos respetara por el simple hecho de ser seres humanos, pero estamos viviendo dentro de una realidad.
Creo que sí influye mucho la manera en la que nos comportamos frente a la sociedad, la manera en la que hablamos, actuamos y vivimos nuestra vida diaria.
No tendría por qué ser así, quiero recalcarlo mucho, pero esto permite que la sociedad vea todo lo que estamos aportando, en este caso, a la sociedad mexicana.
Tu libro se titula En el cuerpo correcto.
¿Quién decide qué cuerpo es considerado correcto?
El tuyo.
En términos generales, creo que cada persona decide cuál es el cuerpo correcto para sí misma. Cada uno de nosotros, cada una de nosotras y cada persona no binaria.
En mi caso, siempre me sentí en un cuerpo muy diferente a mí. Obviamente tenía una pelea con mis genitales, pero no me sentía atrapada. Realmente me gustaba mi cuerpo antes; solamente tenía un conflicto importante con mis genitales.
Después de la cirugía me di cuenta de que no era una pelea y de que el cuerpo correcto es aquel en el que cada persona se siente bien.
Yo no siento que haya nacido en un cuerpo incorrecto. Para mí, nací en el cuerpo en el que tenía que nacer. Creo mucho en la espiritualidad, en las vidas anteriores, en el universo, en que todo sucede en todas partes al mismo tiempo y en la reencarnación; pero no como presente, pasado y futuro, sino como universos paralelos. Es algo muy complejo.
Para mí, antes de nacer escogí ser una mujer trans. Esa es mi creencia. La gente puede pensar que estoy loca o lo que quiera; ya no me importa, la verdad.
Siento que antes de nacer dije: “Quiero nacer en un cuerpo y vivir la experiencia de ser una mujer trans en este planeta”. Desde mi conciencia, escogí nacer en este cuerpo y, para mí, no fue incorrecto.
Nací en el cuerpo correcto para vivir todo lo que he vivido, llegar a esta situación, alcanzar la conciencia que tengo ahora y poder decir: “¡Qué experiencia tan increíble es estar viva!”.
Escogí una experiencia muy difícil. Es muy difícil ser una persona trans y todavía más en un país como México, que tiene el segundo mayor número de asesinatos de personas trans. Sin embargo, creo que ha valido totalmente la pena.
Hacerlo a través del arte definitivamente ha sido lo que más me ha llenado en la vida y me sigue llenando.
Entre cantar en Bellas Artes, aparecer en grandes producciones y ser reconocida por Forbes, ¿cuál ha sido el “no” que más te dolió y que terminó cambiando el rumbo de tu carrera?
¡Qué buenas preguntas! No tengo uno, al menos no uno que recuerde. Tal vez también sea porque tengo amnesia selectiva e intento borrar todos los recuerdos que no me gustan.
Eso a veces es muy bueno y a veces es malo, porque la gente se ofende. Pero ahora mismo no tengo el recuerdo de algún “no” que me haya dolido tanto, porque he tenido muy buenas oportunidades dentro de la vida artística y del entretenimiento.
Luego me dicen: “Es que tenías que haber ganado La Voz”, y yo respondo: “Pues no, porque eso está pactado desde antes, ¿sabes?”. No tengo un “no” que me haya lastimado de esa manera.
Si acaso, a nivel personal, fue complicado lo que sucedió con mi familia. Creo que el “Por favor, no lo hagas; por favor, no hagas tu transición” sí fue difícil.
Después, eso se resolvió muy bien. Ahora son las personas que más amo, las que más me aman y quienes siempre me apoyan.
También podría ser aquel productor que me dijo: “No te puedo lanzar porque necesito que seas más exuberante y que te pongas una talla 38D”. Tal vez sería ese, pero ya ni siquiera lo veo de esa manera.
Realmente agradezco todos los “no” que me han traído hasta este punto. Creo que por eso no siento que alguno me haya dañado. Creo que ahora ya me hice filósofa.

¿Qué aprendizaje te han dejado el rechazo y todos los “no” que recibiste a lo largo de tu vida?
Existe un camino y la vida te va llevando por él.
Es como sucede con la muerte: ¿por qué no nos preparan para la muerte de las personas cercanas? Se nos dice que existe muchísimo sufrimiento alrededor de la muerte, pero no en todas las culturas se vive de esa manera.
Nosotros sufrimos porque existe toda una instrucción y un sistema que nos enseña a hacerlo. Si desde pequeños nos enseñaran a ver la muerte de manera natural, a entender que es parte de la vida y del aprendizaje, la viviríamos con mucho menos dolor.
Lo mismo sucede con la vida en general: los trabajos, que te despidan, que no te contraten o cualquier otra situación. Sufrimos demasiado. Creo que ya estuvo bien de sufrir; ahora debemos aprender a gozar.
Mucha gente tiene demasiado miedo de vivir: “No voy a hacer esto porque ¿qué tal que…?”. No nos atrevemos a hacer las cosas y decimos: “Es que mejor voy con cautela”.
¿Cómo sabes si mañana vas a morir? ¿Cómo sabes si la persona con la que estás llevando las cosas despacio, tranquilamente o con cautela no va a morir mañana y ya no tendrás la oportunidad de hacer eso que pensabas construir y continuar junto a ella?
Ninguno de nosotros tiene garantizado ni un minuto más de vida. Mucha gente termina entendiendo eso de una manera muy dolorosa, pero ese ya es el aprendizaje de cada quien.
Si mañana dejaras de ser vista como un referente de la comunidad trans y pudieras presentarte únicamente como Morganna, ¿qué parte de ti te gustaría que el público descubriera primero?
Que soy muy apasionada y que todo lo hago con pasión.
Si van a uno de mis conciertos, lo van a notar. Si me ven actuar, van a llorar cuando yo llore; van a reír cuando yo sonría y, si me ven enojada, también se van a enojar conmigo.
Creo que esa conexión con la gente que me ve es algo intrínseco de mi personalidad y me gusta muchísimo.
Para concluir, ¿qué mensaje les dejarías no solamente a las personas trans, sino también a las mujeres, a los hombres y a todo el mundo?
Que vivan bonito. Que vivan. Que vivan todos.
Un día será nuestro último día y no sabemos cuándo llegará. Puede ser mañana. Por eso debemos hacernos esta pregunta: “Si mañana muriera, ¿qué haría hoy? ¿Con qué ganas me quedaría? ¿Qué quiero hacer hoy si mañana voy a morir?”.
Porque algún día nos va a pasar. Yo soy de la idea de que nunca debemos quedarnos con ganas de nada en esta vida, porque a eso vinimos: a vivir, como bien lo dijimos.



