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“Si no hay salud, no hay nada”: Bárbara denuncia el retroceso de los derechos de las mujeres trans en Panamá

“Si no hay salud, no hay nada”: Bárbara denuncia el retroceso de los derechos de las mujeres trans en Panamá

hace 1 hora
7 min de lectura

La lucha por los derechos de las mujeres trans en Panamá continúa enfrentando importantes desafíos. La discriminación laboral, las barreras para acceder a servicios médicos, la exclusión educativa y la violencia institucional forman parte de una realidad que organizaciones comunitarias buscan transformar.


Bárbara, mujer trans y activista de derechos humanos en Panamá, comparte en entrevista exclusiva con Ámame Trans MX los desafíos que enfrenta la comunidad trans



En entrevista exclusiva con Ámame Trans MX, Bárbara, mujer trans y defensora de derechos humanos de Panamá, comparte su experiencia personal y reflexiona sobre las principales deudas que mantiene el Estado con su comunidad.


Desde los 15 años comenzó su camino en el activismo, impulsada por las experiencias de discriminación que marcaron su juventud. Actualmente, su trabajo busca fortalecer las oportunidades de otras mujeres trans y evitar que las nuevas generaciones enfrenten las mismas dificultades.



La discriminación laboral y la falta de reconocimiento legal


Panamá todavía enfrenta desafíos para garantizar plenamente el reconocimiento legal de la identidad de género. ¿Cómo afecta esta situación la vida cotidiana de una mujer trans al buscar empleo, recibir atención médica, estudiar o realizar algún trámite?


Afecta demasiado. En lo personal, cuando no había hecho mi cambio de nombre y todavía mantenía el sexo asignado al nacer en mis documentos, la discriminación era bastante obvia, porque mi cédula mostraba una persona y mi identidad era otra.


Aunque hemos conseguido avances, todavía existe mucha discriminación. Para nuestra población es muy difícil conseguir trabajo. Hemos acompañado denuncias de compañeras que tienen que ocultar su identidad para poder obtener un puesto.


Después de dos o tres meses, cuando recursos humanos o los gerentes se dan cuenta de que sus documentos tienen un sexo diferente al que ellos perciben, deciden despedirlas.


Como organización hemos creado campañas para que las compañeras se sientan más seguras al buscar empleo. También hemos establecido alianzas con colectivos de hombres trans que trabajan para identificar empresas dispuestas a contratar personas LGBT sin discriminación.


Pero existe otro problema: muchas mujeres trans abandonaron sus estudios desde muy temprana edad porque no les permitían estudiar siendo quienes eran.


Algunas solamente llegaron hasta octavo grado. Cuando buscan trabajo, las empresas les exigen estudios terminados, universidad y muchos requisitos que no pueden cumplir.

Muchas veces lo único que tienen son las ganas de trabajar.


También queremos romper con esa idea de que las mujeres trans solamente podemos ejercer el trabajo sexual o trabajar en peluquerías.


Podemos prepararnos, capacitarnos y conseguir un trabajo digno.



La violencia que la sociedad ha normalizado

Desde tu experiencia acompañando a mujeres trans, ¿cuál consideras que es una de las violencias más graves que permanece invisibilizada porque la sociedad ha terminado considerándola normal?


Para mí todas las violencias son graves, pero una de ellas es que todavía no nos permitan entrar a los baños de mujeres.

Siempre he dicho que los baños no deberían tener género. Los baños son para hacer nuestras necesidades, pero durante muchos años se ha mantenido esa división entre hombres y mujeres.


Hemos trabajado mucho para que las mujeres trans puedan acceder a baños, discotecas y establecimientos sin discriminación.


Sin embargo, todavía encontramos personas que dicen que somos hombres vestidos de mujeres y que por eso no podemos entrar.


Muchas veces no son las propias mujeres quienes nos impiden el acceso, sino los encargados de seguridad o incluso los policías.


Y existe una doble moral, porque algunos de esos mismos integrantes de seguridad que nos discriminan cuando están uniformados después buscan los servicios sexuales de mujeres trans.


Hemos acompañado situaciones de violencia y existen videos donde policías golpean a compañeras trans que solamente están exigiendo su derecho a ingresar a una discoteca siendo ciudadanas panameñas mayores de edad.


La discriminación continúa y eso demuestra que todavía falta muchísimo trabajo.



Bárbara, mujer trans y activista de derechos humanos en Panamá, comparte en entrevista exclusiva con Ámame Trans MX los desafíos que enfrenta la comunidad trans



Los recortes internacionales y la crisis de las organizaciones trans


Los recortes de financiamiento estadounidense han generado preocupación entre las organizaciones que trabajan con poblaciones trans. ¿Qué consecuencias han tenido estas decisiones en Panamá?


Han afectado muchísimo. Muchas organizaciones recibíamos financiamiento de USAID y, con los recortes, varios proyectos tuvieron que detenerse.


Durante 2025 todavía existían algunos recursos porque quedaban fondos de proyectos anteriores, pero en 2026 el impacto se ha sentido mucho más fuerte.


Esto ha afectado principalmente la prevención del VIH, las infecciones de transmisión sexual y los programas de empoderamiento comunitario.


Antes realizábamos actividades para informar sobre el uso del preservativo, la importancia de hacerse pruebas y acudir a los servicios médicos.


Con la falta de financiamiento, muchas de esas actividades se han reducido o dejado de realizarse.


Nuestra organización incluso tuvo que cerrar sus oficinas y comenzar a trabajar desde casa porque ya no teníamos recursos suficientes para mantener el espacio.


Durante dos o tres meses intentamos sostener los gastos con nuestros propios fondos, pero llegó un momento en que ya no podíamos continuar.


Ahora tenemos que buscar otras alternativas de financiamiento para seguir trabajando por nuestras comunidades.


“Nuestra salud no es un solo día, es todos los días”


Si hablamos de salud, educación, empleo y seguridad social, ¿en cuál de estos ámbitos consideras que actualmente existe la mayor deuda del Estado panameño con las personas trans? ¿Qué medidas deberían implementarse primero?


Para mí, la mayor deuda está en la salud.

En Panamá existen las llamadas clínicas amigables, donde se atiende a poblaciones trans, hombres que tienen sexo con hombres, trabajadores sexuales y otras poblaciones clave.

Pero muchas veces esa atención se ofrece solamente un día a la semana o en horarios diferenciados.


Nosotras no buscamos una clínica que nos atienda solamente un día.

Nuestra salud no es un solo día, es todos los días.


Esa ha sido una de nuestras luchas con el Ministerio de Salud, porque nos dicen que por lo menos existe un servicio para nuestra comunidad.


Sí, existe algo, pero no es lo que necesitamos.

También hemos enfrentado retrocesos en el reconocimiento de las mujeres trans dentro de los servicios de salud.


Antes se había avanzado para que las mujeres trans fueran identificadas como una población específica. Eso permitía conocer cuántas mujeres trans estaban recibiendo atención médica.


Ahora, según lo que hemos observado, nuevamente nos están agrupando dentro de categorías generales de poblaciones de mayor riesgo.


Eso invisibiliza nuestras necesidades.


Hay compañeras que dejan de acudir a los centros de salud porque no quieren ser llamadas por el nombre asignado al nacer.

Imagínate estar en una sala con veinte personas y que te llamen por un nombre masculino cuando tú eres una mujer.


Muchas prefieren dejar de asistir antes que enfrentar esa discriminación.


Y cuando una persona abandona su tratamiento, su salud puede complicarse.

Por eso digo que la salud debe ser una prioridad. Porque si no hay salud, no hay nada.



Trabajo sexual, desigualdad y prevención del VIH


¿Qué relación existe entre la discriminación, la falta de oportunidades económicas y los riesgos que enfrentan algunas mujeres trans en materia de salud sexual?


Muchas personas creen que las mujeres trans tenemos más infecciones de transmisión sexual simplemente por ejercer el trabajo sexual, pero detrás de cada compañera existe una historia.


Hay mujeres trans que fueron expulsadas de sus casas desde muy jóvenes, que no pudieron terminar sus estudios y que tienen que pagar alquiler y cubrir sus necesidades.


Entonces, si una compañera está pasando por una situación económica difícil y llega un cliente que le ofrece cien dólares adicionales por tener relaciones sexuales sin preservativo, puede aceptar porque necesita ese dinero.


En ese momento, la necesidad económica puede pesar más que el riesgo.


Por eso no podemos hablar solamente de prevención sin entender las condiciones en las que viven muchas mujeres trans.


No se trata de que por ser trans una persona tenga más infecciones. Se trata de comprender las situaciones de vulnerabilidad, la discriminación y la falta de oportunidades que enfrenta nuestra población.


Tenemos que trabajar en la prevención, pero también en la educación, el empleo y el acceso a servicios de salud.


Bárbara, mujer trans y activista de derechos humanos en Panamá, comparte en entrevista exclusiva con Ámame Trans MX los desafíos que enfrenta la comunidad trans



Una vida dedicada a defender los derechos humanos


Comenzaste tu activismo desde muy joven. ¿Cómo fue ese proceso y qué te motivó a convertir tus experiencias personales en una lucha por los derechos de otras mujeres trans?


No ha sido fácil.


Desde muy niña me sentía diferente a lo que las demás personas esperaban de mí. En ese momento no tenía el conocimiento para comprender quién era realmente.


Sufrí bullying en la escuela y también discriminación dentro de mi familia.


Muchas veces las familias no comprenden lo que está viviendo una persona trans y ese desconocimiento provoca rechazo.


Yo comencé en el activismo a los 15 años.

En ese tiempo ejercía el trabajo sexual y conocí a un amigo que me invitó a participar en un taller y después en una reunión.


Cuando llegué y escuché los temas que se estaban abordando, me interesó muchísimo.


Me di cuenta de que quería formar parte de ese trabajo y defender los derechos de mi comunidad.


Recuerdo que a los 18 años tuve la oportunidad de representar a Panamá en una reunión internacional en Honduras.


En aquel momento apenas comenzaba a escucharse con más fuerza el término trans.


Antes nos identificaban como travestis, hombres vestidos de mujeres o incluso nos incluían dentro de categorías que no correspondían con nuestra identidad.


Todo ese proceso me ayudó a comprender quién era y a fortalecerme como mujer trans.

Hoy quiero que las compañeras que vienen detrás de nosotras no tengan que sufrir lo mismo que yo sufrí.


Aunque hemos logrado avances, la violencia y la discriminación siguen existiendo.


Por eso debemos continuar trabajando.



¿Quién sostiene a la activista cuando ella también necesita apoyo?


Has convertido tu experiencia personal en una lucha colectiva. ¿Qué te ha costado emocionalmente ser defensora de derechos humanos y quién sostiene a la activista cuando ella también necesita apoyo?


No ha sido fácil, porque mi historia comenzó desde muy pequeña, cuando todavía no comprendía completamente mi identidad.


Viví discriminación en la escuela, situaciones difíciles dentro de mi familia y momentos en los que tuve que aprender a defenderme.


Mi camino en el activismo comenzó muy joven y me permitió encontrar espacios donde podía hablar de lo que estaba viviendo y conocer a otras personas que también defendían nuestros derechos.


A través de ese proceso fui descubriendo quién era realmente y encontré una manera de transformar mis experiencias en trabajo por mi comunidad.


Todo lo que viví me ha ayudado a crecer y a querer que las nuevas generaciones de mujeres trans tengan más oportunidades y enfrenten menos discriminación.


La lucha por los derechos trans continúa en Panamá


El testimonio de Bárbara muestra que la defensa de los derechos de las mujeres trans en Panamá va más allá del reconocimiento de la identidad de género.


También implica garantizar oportunidades educativas, acceso al empleo, servicios médicos sin discriminación y protección frente a la violencia institucional.


La activista advierte que los avances construidos durante años pueden verse afectados cuando las organizaciones comunitarias pierden recursos y las instituciones dejan de atender las necesidades específicas de las personas trans.


Su historia refleja el papel que han desempeñado las propias mujeres trans en la construcción de redes de acompañamiento, prevención y defensa de derechos humanos.


Desde Panamá, su mensaje es una exigencia de acceso a derechos fundamentales y una invitación a comprender las realidades que enfrentan quienes históricamente han sido excluidas.

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