
David Barba y Regreso/Return: cuando volver al país donde naciste no significa regresar a casa
La deportación no solamente implica cruzar una frontera en sentido contrario. Para quienes crecieron en Estados Unidos y construyeron allí su identidad, sus vínculos familiares y sus proyectos de vida, regresar a México puede representar una experiencia de desarraigo, incertidumbre y reconstrucción personal.

En el documental Regreso/Return, el director David Barba presenta las historias de tres mujeres mexicanas que crecieron en territorio estadounidense y fueron deportadas a un país que, aunque figura como su lugar de nacimiento, no necesariamente reconocen como su hogar.
A través de sus experiencias, la producción invita a reflexionar sobre las consecuencias emocionales de la deportación, la pertenencia cultural, las relaciones familiares y las vulnerabilidades particulares que pueden enfrentar las mujeres en contextos migratorios.
Para Ámame Trans MX, estas historias abren una conversación sobre la identidad, los derechos humanos y el significado de pertenecer a un lugar cuando las fronteras legales no coinciden con los vínculos afectivos.
Tu documental presenta las historias de tres mujeres mexicanas que crecieron en Estados Unidos y fueron deportadas a un país que apenas conocían. ¿En qué momento comprendiste que regresar al país donde naciste no necesariamente significa volver a casa, sino que incluso puede sentirse como una segunda migración?
Creo que fue cuando empecé a escuchar sus historias y comprendí que la idea de regresar a casa no significaba lo mismo para ellas que para muchas otras personas. Estamos hablando de mujeres que llegaron a Estados Unidos siendo niñas, que crecieron allá, que construyeron sus relaciones familiares, sus amistades y su identidad en ese país.
De pronto, una deportación las obliga a regresar a México, pero realmente no están regresando a la vida que conocían. Están llegando a un lugar donde tienen que aprender nuevamente cómo funciona todo.
Eso fue lo que me interesó explorar: entender que una deportación no termina cuando alguien cruza la frontera. En muchos sentidos, ahí comienza otra historia. Es una reconstrucción de la vida, de la identidad y de lo que significa tener un hogar.
La deportación suele abordarse desde las cifras, las leyes y los discursos políticos, pero pocas veces desde las consecuencias emocionales. Después de conocer a las protagonistas, ¿qué descubriste sobre las heridas psicológicas y familiares que deja una deportación y que normalmente permanecen invisibles?
Una de las cosas más fuertes fue comprender que la separación familiar puede durar muchísimos años. En el caso de Viridiana, por ejemplo, lleva más de 16 años sin poder abrazar a su mamá. Imagínate lo que significa vivir tanto tiempo sin ese contacto físico, sin compartir una Navidad, un cumpleaños o simplemente un momento cotidiano con alguien que amas.
Las videollamadas ayudan a mantener una relación, pero no reemplazan la presencia de una persona.
También descubrí que estas mujeres tienen que enfrentar muchas dificultades mientras intentan reconstruir sus vidas. No solamente está el dolor de la separación, sino la necesidad de trabajar, cuidar a sus hijos, encontrar estabilidad y adaptarse a una sociedad que puede resultarles desconocida.
Pero algo que me impresionó muchísimo fue su fortaleza. No quería hacer una película donde solamente las viéramos como víctimas, porque son mujeres que han luchado enormemente por salir adelante.

Las protagonistas crecieron con una identidad cultural construida entre México y Estados Unidos, pero terminaron enfrentándose a un país que legalmente les pertenece y que emocionalmente puede resultarles desconocido. ¿Qué significa realmente pertenecer a una nación cuando la sociedad, la cultura y las circunstancias te hacen sentir extranjero en tu propia tierra?
Creo que pertenecer a un país es mucho más complejo que tener una nacionalidad o un documento que diga dónde naciste. Tiene que ver con tus recuerdos, con el idioma que hablas, con las personas que amas y con los lugares donde construiste tu vida.
Yo también tengo una historia familiar relacionada con dos culturas. Mi padre es mexicano y mi madre es escocesa, así que entiendo un poco lo que significa vivir entre dos mundos. Pero también reconozco que tengo privilegios que las protagonistas no tienen, como la posibilidad de viajar entre México y Estados Unidos.
Ellas no necesariamente pueden hacerlo. Y esa diferencia es enorme.
Por eso el título Regreso/Return tiene tanto significado. Son dos palabras que representan una experiencia atravesada por dos idiomas, dos culturas y una frontera que continúa presente incluso después de haberla cruzado.
Me parece que la película también habla de cómo podemos construir un nuevo sentido de pertenencia sin tener que renunciar a la vida que tuvimos antes.
En Estados Unidos, la migración se ha convertido en uno de los temas más polarizantes del debate político. ¿Qué le responderías a quienes consideran que una deportación es simplemente la consecuencia de incumplir una ley, sin detenerse a pensar en las vidas, familias e identidades que quedan fracturadas?
Creo que les pediría que vieran las historias de estas mujeres antes de llegar a una conclusión. Es muy fácil hablar de migración desde una perspectiva exclusivamente legal, pero cuando conoces a las personas empiezas a comprender que detrás de cada deportación existe una historia humana.
Estamos hablando de personas que llegaron siendo niñas a Estados Unidos, que crecieron allá y que formaron familias. Muchas veces no tomaron la decisión de migrar porque eran demasiado pequeñas.
Una deportación puede ocurrir en un momento determinado, pero sus consecuencias permanecen durante años.
Me gustaría que quienes vieran el documental comprendieran que no se trata solamente de una persona que es enviada a otro país. También estamos hablando de madres separadas de sus hijas, de familias que no pueden reunirse y de personas que tienen que reconstruir su vida prácticamente desde cero.
Creo que podemos discutir las leyes migratorias sin perder de vista la dignidad y la humanidad de quienes viven sus consecuencias.
El documental también aborda las consecuencias de relaciones coercitivas o abusivas y la vulnerabilidad económica que enfrentan las protagonistas. ¿Qué descubriste sobre los riesgos particulares que viven las mujeres deportadas y por qué consideras importante analizar la migración también desde una perspectiva de género?
Algo que descubrimos es que muchas de las dificultades que enfrentan las mujeres deportadas también existen para otras mujeres en México, pero pueden volverse todavía más complicadas cuando acabas de regresar a un país que no conoces bien.
En el caso de Viridiana, por ejemplo, aparecen problemas relacionados con la custodia de sus hijos y la pensión alimenticia. Son situaciones muy difíciles que pueden agravarse cuando no conoces las instituciones o los recursos legales a los que puedes acudir.
También hablamos de relaciones donde existe control económico, manipulación, amenazas o violencia psicológica. Y cuando una mujer está intentando reconstruir su vida, sin una red de apoyo sólida, puede encontrarse en una situación de mayor vulnerabilidad.
Me parece fundamental abordar estas historias desde una perspectiva de género porque las experiencias migratorias no son iguales para todas las personas.
Quería que la película mostrara esas dificultades, pero también la capacidad de las protagonistas para recuperar su autonomía, tomar decisiones y construir un futuro diferente.

Después de acompañar estas tres historias, ¿hubo algún testimonio, conversación o momento durante el rodaje que te confrontara personalmente y cambiara tu manera de entender conceptos como patria, identidad, justicia y hogar?
Hubo muchos momentos, pero uno de los más profundos para mí fue conocer a las madres de las protagonistas en Estados Unidos.
Yo tenía la posibilidad de viajar, de estar frente a ellas y de conversar con ellas, mientras que sus propias hijas llevaban años sin poder abrazarlas. Eso fue algo que me confrontó muchísimo porque me hizo pensar en el privilegio que significa poder cruzar una frontera libremente.
También recuerdo lo significativo que fue acompañarlas durante tanto tiempo y observar cómo sus vidas iban cambiando. Filmamos durante más de tres años, y en ese periodo vimos crecer a sus hijos, cambiar sus circunstancias y aparecer nuevas dificultades.
Creo que lo que más me llevo es la resiliencia de estas tres mujeres. A pesar de todo lo que han enfrentado, han encontrado maneras de reconstruir sus vidas.
Me gustaría que el público se quedara con eso: con la idea de que una persona deportada no es una cifra ni una noticia que desaparece después de unos días. Es alguien que tiene una historia, una familia, sueños y el derecho a construir un futuro digno.



