
Maju Carrión: “Las personas trans en Perú no tenemos nada que perder porque todavía no tenemos nada”
- Diego L
- hace 1 hora
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La directora de la asociación Transformar Perú y defensora de derechos humanos habló con Ámame Trans MX sobre la ausencia de una ley de identidad de género en su país, la violencia institucional, los crímenes contra mujeres trans, la migración y la lucha por conquistar el espacio público. También envió un mensaje de esperanza a las infancias trans: “Ya no están solas”.

Antes de convertirte en lideresa transfeminista y defensora de derechos humanos, ¿qué experiencias te hicieron comprender que tu voz podía convertirse en una herramienta de transformación colectiva?
Desde muy joven aprendí a cuestionar al poder y a la autoridad. Durante mi transición desarrollé una personalidad fuerte y comencé a defender a las chicas de mi barrio ante los abusos de la Policía y el serenazgo. Cuando intentaban expulsarnos de los espacios públicos, yo reclamaba porque también teníamos derecho a estar ahí.
Durante la pandemia ingresé al movimiento feminista y recibí formación en derechos humanos. Posteriormente fundamos Transformar Perú, una experiencia que enriqueció mi vida y fortaleció mi trabajo como activista.
¿Por qué la lucha de las personas trans en Perú continúa siendo poco visible internacionalmente?
En América del Sur existe un movimiento trans muy grande. Argentina, Brasil, Chile y Uruguay han conseguido avances importantes, pero Perú continúa siendo un bastión conservador. Somos el único país de Latinoamérica que no cuenta con una ley de identidad de género; tampoco tenemos matrimonio igualitario ni otros derechos que ya se reconocen en la región.
El movimiento de mujeres trans en Perú todavía es joven, pero está creciendo. Hemos tenido candidatas trans al Congreso y cada vez ocupamos más espacios sociales, políticos y digitales. El problema es que enfrentamos una oposición muy fuerte de grupos evangélicos y sectores conservadores que operan desde el Congreso contra nuestros derechos.
Las personas trans todavía deben acudir ante un juez para conseguir el reconocimiento legal de su identidad. ¿Qué violencias produce que el Estado las obligue a demostrar quiénes son?
Es un proceso sumamente violento. Yo también estoy llevando un juicio para cambiar mi nombre y sexo en el DNI. Son procedimientos largos y costosos en los que pueden solicitar evaluaciones psicológicas, psiquiátricas y diagnósticos de disforia. Incluso cuando se obtiene una sentencia favorable, la RENIEC puede impugnarla y obligarte a continuar en una segunda instancia.
Conozco a una compañera de 58 años que lleva cinco años en este proceso, a pesar de haberse sometido a una cirugía de afirmación de género. Todo esto afecta profundamente la economía y la salud mental de las mujeres trans.
Por eso estamos impulsando que, al menos, el cambio de nombre pueda realizarse mediante un procedimiento administrativo. No sería todavía la ley integral que soñamos, pero facilitaría el acceso de las compañeras a la educación, la salud y otros derechos. Aquí tenemos todo por conquistar; como les digo a las chicas: no tenemos nada que perder porque no tenemos nada.
¿Cómo afectan a las mujeres trans los discursos que buscan impedirles utilizar los baños conforme a su identidad de género?
Impedirnos usar los baños públicos viola nuestros derechos y limita nuestra posibilidad de salir de casa y participar en la sociedad. Los sectores conservadores quieren que volvamos a los años ochenta, cuando las mujeres trans solamente podían salir de noche y permanecían relegadas a los márgenes.
Nos acusan falsamente de representar un peligro para las infancias, aunque nunca hemos atacado a ningún niño ni a ninguna mujer cisgénero. Nosotras también somos cuidadoras de nuestros hermanos, sobrinos, padres y familias. Hemos conquistado el espacio público y no vamos a dar marcha atrás.

¿Qué victoria demuestra que la organización política de las mujeres trans sí puede transformar las decisiones del Estado?
Hace algunos años se emitió un decreto que volvía a patologizar las identidades trans bajo el argumento de facilitar la cobertura de la atención en salud mental. Sin embargo, fue elaborado sin escuchar a nuestra población.
Nuestra compañera Fara Zamudio asumió la tarea de demandar al Estado y ganamos tanto en primera como en segunda instancia. Conseguimos que el decreto fuera derogado. Esa fue una victoria del movimiento trans peruano y demostró que podemos enfrentar al Estado cuando aprueba medidas en nuestra contra. No se pueden hacer leyes para nosotras sin nosotras.
Entre la exclusión laboral, la violencia institucional y las agresiones contra las trabajadoras sexuales trans, ¿qué problemática requiere una respuesta más urgente?
Lo más urgente es que las autoridades dejen de violentar a las compañeras y garanticen verdaderamente su acceso a la justicia. En Perú se han cometido numerosos asesinatos de mujeres trans que permanecen impunes. Cuando una mujer trans es asesinada, parece que no hubiera ocurrido nada.
Presentar una denuncia puede convertirse en una tarea titánica. Las policías se burlan, cuestionan el nombre del DNI y revictimizan a las denunciantes. Hemos acompañado a compañeras golpeadas o apuñaladas a quienes ni siquiera querían recibirles la denuncia o enviarlas con el médico legista. Necesitamos funcionarios que funcionen y que atiendan a las mujeres trans con respeto.
¿Por qué tantas mujeres trans peruanas terminan ejerciendo el trabajo sexual?
Muchas son expulsadas de sus hogares por la violencia machista y abandonan las escuelas debido al acoso transfóbico. Al quedar excluidas de la educación y del empleo formal, la calle y el trabajo sexual se convierten prácticamente en sus únicas alternativas.
El trabajo sexual debería ser una opción, no el único camino disponible. El Estado debe garantizar condiciones seguras para ejercerlo y proteger la vida de las compañeras. Las mujeres trans también somos ciudadanas, pagamos impuestos y contribuimos a la economía, pero seguimos fuera del sistema.
Incluso para rentar una vivienda o abrir un negocio enfrentamos discriminación. Muchas deben pedirle a una familiar o amiga cisgénero que las ayude a conseguir un local porque, por sí solas, les cierran las puertas.

¿Cómo es la migración de las mujeres trans peruanas?
Las mujeres trans peruanas siempre hemos migrado. Existe una comunidad muy grande en Buenos Aires y también en ciudades europeas como Roma, Milán, Florencia, París, Madrid y Barcelona. Muchas migran buscando oportunidades laborales que no encuentran en Perú.
Gracias a su trabajo han podido mejorar sus condiciones de vida y ayudar a sus familias mediante el envío de remesas. Sin embargo, es necesario que los Estados establezcan mecanismos de protección para que puedan trabajar sin quedar expuestas a la violencia, los asesinatos y los transfeminicidios.
¿Cuál ha sido una de las batallas más difíciles de tu trayectoria como activista?
Los últimos años han sido muy difíciles porque hemos tenido un Congreso profundamente antiderechos. Cada nueva medida significaba un retroceso y el panorama llegó a ser desalentador.
Otra batalla es la invisibilización. En Perú existen organizaciones y compañeras que realizan un trabajo enorme, pero sus acciones no se conocen fuera del país. Cuando he viajado a México he comprobado que nuestras realidades no son tan diferentes. Somos países hermanos, aunque el movimiento trans mexicano lleva más tiempo organizándose y cuenta con una militancia muy fuerte. Eso es también lo que deseo para Perú

¿Qué mensaje les envías desde Perú a las infancias trans y a las personas que leerán esta entrevista en otras partes del mundo?
Cuando yo era niña no tenía una referente trans a quien mirar. No había una mujer que me hiciera pensar: “Quiero crecer y ser tan fuerte y valiente como ella”.
A las infancias trans de ahora quiero decirles que ya no están solas. Estamos luchando para que puedan terminar la escuela sin miedo, sin acoso y sin transfobia; para que el Estado reconozca sus derechos y puedan acceder a la atención que necesiten.
Las mujeres trans no aparecimos de adultas ni salimos de debajo de una piedra: también fuimos niñas y crecimos con miedo. Hoy estamos peleando para que las nuevas generaciones no tengan que vivir lo mismo que nosotras.



