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Mujeres trans y salud urológica: “La pena mata”; los riesgos que no desaparecen con la transición

hace 11 horas
7 min de lectura

El urólogo Carlos Guerra habla con Ámame Trans MX sobre próstata, hormonización, automedicación, vaginoplastia, salud sexual y el temor que todavía enfrentan muchas mujeres trans al acudir a una consulta urológica.


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Hablar de salud urológica continúa siendo un tema incómodo para muchas mujeres trans. El miedo a ser cuestionadas, discriminadas o tratadas con una identidad que no les corresponde puede provocar que una consulta médica se posponga durante meses o incluso años.


Sin embargo, transicionar no significa que determinados órganos o riesgos médicos desaparezcan. Una mujer trans que conserva la próstata requiere vigilancia de este órgano; quien conserva los testículos también debe prestar atención a su salud testicular. Al mismo tiempo, la hormonización requiere seguimiento profesional y no debería basarse en fórmulas encontradas en internet.


Para hablar de estos temas, Ámame Trans MX conversó con el urólogo Carlos Viero, especialista que atiende población trans y realiza cirugías de afirmación de género, entre ellas la vaginoplastia.


¿Qué problemas urológicos pueden confundirse con efectos normales de la hormonización y provocar que una mujer trans tarde en buscar atención?


“La hormonización por sí misma no debería provocar ciertos problemas urológicos. Cuando se bloquea la testosterona pueden presentarse cambios como una disminución en el tamaño de los testículos y, en algunas pacientes, cambios en las erecciones.


Lo que no deberíamos normalizar es que el chorro urinario se vuelva débil, tener que hacer esfuerzo para orinar, levantarse constantemente durante la noche para hacerlo o presentar otros cambios urinarios importantes. Esas cosas no deberían atribuirse simplemente a la hormonización.


El bloqueo de testosterona también puede influir sobre la próstata, pero eso no significa que podamos olvidarnos de ella.


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Entonces, ¿una mujer trans continúa teniendo riesgo de cáncer de próstata aunque lleve años hormonizándose?


“Sí. En una vaginoplastia no retiramos la próstata. La próstata se conserva y además tiene una función importante desde el punto de vista erógeno después de la cirugía.

Por eso no debemos obviar su vigilancia. Una mujer trans que conserva la próstata debe realizar el seguimiento correspondiente, especialmente conforme aumenta su edad.


En términos generales, si no existen antecedentes familiares, hablamos de comenzar la vigilancia después de los 45 años. Si el papá, abuelo o algún familiar cercano tuvo cáncer de próstata, hay que prestar todavía más atención y considerar comenzar antes, alrededor de los 40 años, bajo valoración médica.


Actualmente podemos comenzar el seguimiento con el antígeno prostático. El tacto rectal no necesariamente tiene que ser la primera intervención; puede reservarse para situaciones en las que exista una sospecha clínica que requiera una evaluación adicional”.



¿Y qué sucede con las mujeres trans que conservan los testículos?


“También deben revisarlos. Si eres una mujer trans, tienes 23 años y conservas los testículos, puedes realizar una autoexploración durante la ducha.


Tener que revisar tus testículos no te hace menos mujer trans, de la misma manera que un hombre trans que conserva tejido mamario y necesita revisarlo no es menos hombre.


Es salud.


Tenemos que separar la identidad de género de la necesidad médica de vigilar los órganos que una persona conserva”.



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¿La hormonización puede hacer que un problema prostático pase inadvertido?


“El cáncer de próstata tiene la dificultad de que normalmente no produce síntomas tempranos. A diferencia de un problema testicular, donde una persona puede llegar a identificar una bolita, endurecimiento o algún cambio mediante la palpación, la próstata no puede autoexplorarse de esa manera.


Además, síntomas como tener un chorro urinario débil o hacer esfuerzo para orinar no significan automáticamente cáncer. Pueden existir otras causas, entre ellas problemas relacionados con el crecimiento prostático.

Precisamente por eso es importante realizar vigilancia y no esperar a presentar síntomas”.



Muchas mujeres trans realizan tucking. ¿Puede tener consecuencias urológicas?


“Puede favorecer determinados problemas si existe humedad, poca ventilación o dificultades de higiene, especialmente cuando existe prepucio redundante.


Una de las situaciones que vemos es la balanitis, una inflamación de la zona del glande y el prepucio que puede acompañarse de comezón, mal olor, irritación o dificultad para retraer adecuadamente la piel.


No debería ignorarse. Una inflamación persistente o recurrente necesita valoración porque puede ocasionar complicaciones.

Además, cuando una paciente está considerando una vaginoplastia, conservar tejido genital puede ser importante porque ese tejido puede utilizarse durante la reconstrucción”.



La espironolactona es utilizada por muchas mujeres trans. ¿Cuándo sus efectos dejan de ser algo esperado?


“La espironolactona es un diurético, por lo que naturalmente puede aumentar la frecuencia con la que una persona necesita orinar. Sin embargo, en mujeres trans también se utiliza por su efecto antiandrogénico.


El problema aparece cuando se utilizan dosis elevadas sin vigilancia. Puede alterar los niveles de potasio y provocar hiperpotasemia, además de generar otros efectos adversos, especialmente cuando existe un problema renal previo que la paciente desconocía.


Por eso es tan importante realizar estudios antes y durante una terapia hormonal”.



¿Qué riesgos implica automedicarse con hormonas o seguir esquemas encontrados en internet?


“Algo que debemos entender es que la hormonización no es una receta de cocina.

Cada paciente es diferente y responde de manera distinta. Por eso existen los estudios de laboratorio y por eso la terapia debe individualizarse.


Desgraciadamente, muchas chicas trans obtienen esquemas hormonales de foros, Reddit u otras plataformas. Eso puede ser peligroso.


Antes de iniciar un tratamiento hay que conocer, entre otras cosas, cómo se encuentran el hígado y los riñones. Si existe una enfermedad previa que no conocemos y comenzamos determinados medicamentos o dosis inadecuadas, podemos generar complicaciones.


Yo soy urólogo, no endocrinólogo, y cuando una paciente necesita este manejo la refiero con colegas de endocrinología que conocen la atención hormonal de personas trans.

Cada vez existen más espacios para este seguimiento, aunque todavía necesitamos muchos más profesionales capacitados”.


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¿La actividad sexual puede provocar infecciones urinarias o prostatitis en mujeres trans?


“Hay que hablar de sexualidad sin estigmatizarla.

Las prácticas sexuales pueden implicar exposición a diferentes infecciones de transmisión sexual, como VIH, gonorrea, clamidia o virus del papiloma humano. Existen herramientas preventivas, pero ninguna sustituye una valoración individual y las medidas de prevención adecuadas.


Respecto a la prostatitis, no deberíamos atribuir automáticamente cualquier dolor después del sexo anal a una prostatitis.

Una prostatitis aguda puede ser una condición seria y puede presentar fiebre, molestias importantes al orinar, sangrado y, en casos graves, complicaciones sistémicas. En cambio, algunos dolores después de determinadas prácticas pueden deberse a fisuras, desgarros u otras lesiones.


Hay que diagnosticar correctamente y no etiquetar todo como prostatitis”.



¿Recibe mujeres trans que anteriormente fueron diagnosticadas de manera incorrecta?


“Sí recibo pacientes trans con diferentes problemas, aunque también porque mi práctica está enfocada en esta población y en cirugía de afirmación de género.


Veo pacientes por virus del papiloma humano, infecciones urinarias, problemas relacionados con el tucking y también dolor pélvico crónico.

El dolor pélvico crónico, por ejemplo, es diferente a una prostatitis y puede relacionarse con diversos factores, incluidos el estrés, el estilo de vida o el estreñimiento. Es importante no confundir las entidades”.



¿Los estudios urológicos deben interpretarse completamente diferente porque la paciente sea una mujer trans?


“En muchos estudios urológicos básicos no. Una infección urinaria continúa siendo una infección urinaria.

Lo importante es conocer la anatomía actual de la persona, los órganos que conserva, sus cirugías previas, medicamentos, hormonización y factores de riesgo.


Fumar, consumir alcohol o llevar determinados estilos de vida continúa teniendo consecuencias. La hormonización no hace desaparecer automáticamente esos riesgos”.



¿Qué dudas le confiesan las mujeres trans en privado que pocas veces se plantean públicamente?


“Son varias.

Una de las cosas que más me sorprende es escuchar: “No sabía que esta cirugía se hacía en México”. Algunas pacientes creen que necesariamente tienen que viajar a Tailandia o Estados Unidos para realizarse una vaginoplastia.


También encuentro pacientes que no sabían que después de determinadas cirugías necesitan continuar con seguimiento hormonal.

Otra pregunta frecuente tiene que ver con la orquiectomía. Algunas mujeres trans que mantienen una vida sexual penetrativa temen que retirar los testículos signifique perder automáticamente la capacidad de tener una erección. Es un tema que debe explicarse individualmente porque existen diversos factores que intervienen en la función eréctil.


Y hay dos frases que escucho y que son particularmente importantes: “Pensé que me quitaban la próstata durante la vaginoplastia” y “No sabía que por ser mujer trans tenía que revisarme la próstata”.

Esa falta de información puede tener consecuencias importantes conforme una persona envejece”.



¿La falta de preparación del personal médico también puede provocar que las mujeres trans eviten atenderse?


“Sí, y existe discriminación.

Cuando comencé a realizar este tipo de cirugías consultaba en hospitales conocidos de México. Conforme empezó a crecer mi población de pacientes trans, hubo lugares donde veían mal que estuvieran en la sala de espera e incluso llegué a tener problemas por recibir población trans.


Eso no debería suceder.

Todas las personas merecen recibir atención médica digna. No tenemos que atender mejor a alguien porque sea una persona famosa, tenga determinado cargo o determinada identidad.


Al final estamos atendiendo seres humanos.

Respetar el nombre, los pronombres y la identidad de una paciente no está peleado con conocer su anatomía y atender correctamente sus necesidades médicas”.



Finalmente, ¿qué le diría directamente a una mujer trans que lleva tiempo evitando acudir al urólogo por miedo, vergüenza o experiencias previas de discriminación?


“Primero: busca un urólogo con quien te sientas cómoda.

Sé que algunos médicos podemos ser ególatras con nuestra profesión y algunos llegan a creerse dioses. No debería ser así.

Si no te sientes cómoda con la persona que te está atendiendo, cambia de médico. Busca a alguien que pueda acercarse a ti de una manera respetuosa.


Incluso una primera consulta puede realizarse de forma virtual en algunos casos y, si necesitas una exploración presencial, ese profesional puede orientarte o ayudarte a encontrar a alguien en tu ciudad.


Lo importante es intentar salir de ese miedo y acudir.


Porque a veces una persona dice: “Me da mucha pena”.


Pero la pena mata.


Y retrasar la atención por miedo o vergüenza puede terminar teniendo consecuencias que van mucho más allá de una consulta médica.










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