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Michelle Rivera: “Todas las historias cuentan”: identidad, dolor y la metamorfosis de una mujer trans

hace 3 horas
7 min de lectura

Para Michelle Rivera, reconocerse como mujer trans no ha significado borrar el pasado, sino aprender a mirarlo desde otro lugar. Después de más de dos décadas de transición, su historia atraviesa el transformismo, las adicciones, la espiritualidad, la salud mental y una búsqueda personal que, con los años, terminó convirtiéndose también en una forma de acompañar a otras personas.


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Actualmente forma parte del matutino de Televisa Guadalajara y desarrolla proyectos relacionados con el crecimiento personal. En entrevista con Ámame Trans MX, Michelle habla sin idealizar su proceso: recuerda momentos en los que rechazó su propia identidad, experiencias de discriminación incluso dentro de espacios terapéuticos y una etapa en la que llegó a sentir que su vida había perdido sentido.


Hoy, asegura, mira su identidad desde un lugar completamente diferente.

Después de atravesar una transición de género y una transformación espiritual, ¿qué parte de Michelle tuvo que morir simbólicamente para que pudiera nacer la mujer que eres hoy?


De un año para acá he entendido que hay que morir muchas veces para poder renacer muchas veces. Hay muchos despertares espirituales y todos te llevan a una metamorfosis en otro nivel. A veces es difícil sobrellevarlos, pero son necesarios.


La parte que considero que ha tenido que dejar de existir es esa necesidad de autoetiquetarme de manera destructiva por ser quien soy.

Antes era como: “Sí, soy trans, pero…”. Ahora digo: “Sí, soy trans. Es lo que hay, es lo que soy y también está bien”.


También tuve que dejar morir esa idea que había comprado de la sociedad de que, por más que nos esforcemos, somos personas de tercera clase. Ahora digo: “Soy de primera porque soy de primera”, pero llegar ahí me costó muchos años.


He tenido que dejar morir diferentes aspectos destructivos de mi personalidad y de mi identidad. Hoy llegué a una conclusión muy fuerte: esto es quien soy y me siento muy bien con quien soy.



¿Entonces la palabra “trans” dejó de representar un estigma para convertirse en una parte de tu historia?


Sí. Para mí era no verlo desde una aceptación del cien por ciento.


En mi primer libro, publicado en 2018, hablo precisamente de las etiquetas. Hay que aprender a etiquetar también para saber que algo existe, para que la gente conozca.


A mí sí me gusta la etiqueta, solamente que con los años se ha ido re significando. Estos procesos han sido fuertes, desafiantes y difíciles. Durante muchos años lo vi como un estigma difícil de llevar.


Ahora digo: quizá para mucha gente sigue siendo un estigma, pero para mí tiene que convertirse en un privilegio.

También entendí que la gente te ve desde lo que ella es y no necesariamente desde lo que tú eres. Entonces, cuando llegan comentarios sobre quiénes somos las personas trans, pienso: “Bendiciones. Lo que tú digas”.


Por más maravillosa que yo sea o que tú seas, otras personas nos van a mirar con sus propios ojos, pero sus ojos no son mi realidad.


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Hoy trabajas en radio, televisión y otros espacios. ¿Qué lugar ocupa tu identidad trans cuando estás fuera de espacios específicamente LGBT+?


Yo trabajo en radio, trabajo en televisión y voy a diferentes espacios. No tengo que llegar diciendo: “Hola, soy Michelle y soy trans”, porque quizá estoy hablando de pareja o estoy siendo jueza en un concurso de natación con adolescentes y no necesito poner el tema sobre la mesa.


Pero tampoco está oculto.


A mí sí me gusta la etiqueta porque, desde mi punto de vista, borrar el término sería borrar una historia. Es una historia que existió, que está ahí y que sigue siendo parte integral de la fortaleza de nuestra psique.



¿Cómo distingues una verdadera misión de vida de la necesidad de encontrarle sentido al dolor que hemos atravesado?


Creo que son aspectos que pueden convivir. Ese dolor se puede transformar. Jung habla de alquimia: puedes tomar determinadas situaciones y transformarlas en algo nuevo.


Yo me dedicaba al transformismo y trabajé algunos años en espectáculos. Después atravesé situaciones muy complejas en el mundo material.


Años antes había comenzado a leer metafísica y libros sobre ángeles. Tenía unos 21 o 22 años y empecé a tener experiencias que interpreté como revelaciones.


Yo vivía en un universo intermedio entre lo que quería y lo que se suponía que debía ser. Hace 20 años, para muchas mujeres trans las posibilidades parecían muchísimo más limitadas.


Hubo un momento en el que mi vida entró en declive y llegué a estar postrada en cama durante aproximadamente tres meses.


Recuerdo decirle a Dios que estaba cansada, que mi viaje había sido muy difícil y que ya no encontraba sentido a la vida.

En ese momento tuve una experiencia espiritual en la que escuché una voz que me decía que tenía una misión: acompañar y dar voz.


Después conocí a una persona que me realizó una práctica alternativa no clínica ni médica y posteriormente fui con mi terapeuta y le dije: “Tengo una misión, pero no sé por dónde empezar”.


De eso han pasado más de 12 años.

Creo que muchas personas que han buscado un desarrollo humano o espiritual profundo llegaron hasta ahí también a través del dolor. El dolor puede llevarnos a resignificar nuestra historia y convertirla en algo nuevo.



En los momentos más difíciles de tu lucha contra las adicciones, ¿qué estabas intentando silenciar o encontrar a través del consumo?



No me quería. No me gustaba mi vida, no me gustaba la gente y no me gustaba mi historia.

Externamente era reconocida y me veía como quería verme. Desde los 15 años comencé mi terapia de reemplazo hormonal y mi transición.


Mi mentalidad era verme como una Barbie y me veía como una Barbie.


Pero cada día el vacío se hacía más grande.

Comencé a consumir a los 15 años, cuando me fui de mi casa. Después se fue agudizando porque trabajaba en bares y tenía muy fácilmente quién me diera, quién me invitara o quién me consiguiera sustancias.


Llegué a preferir estar perdiendo la razón en un lugar que regresar a mi casa, estar sola y sobria.

Cuando era muy joven pensaba: “Necesito ayuda, no me siento bien”, pero en mi ignorancia y dentro de mi pequeño mundo creía que alguien que no hubiera vivido nuestra historia no me iba a entender.



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¿Tú misma viviste discriminación cuando buscaste ayuda psicológica?


Sí. Hace aproximadamente 14 años fui con una profesional y, por su manera de hablarme, me hizo sentir completamente descalificada.


Me dijo cosas como: “Tú nunca vas a ser feliz”, “gente como tú nunca es feliz”, “tú ni siquiera conoces el amor”, “nadie te quiso”.

Salí de ahí triste.


Afortunadamente después conocí a una psicoterapeuta enfocada también en lo espiritual, Lilian “Shani” Vázquez, que hasta el día de hoy considero un ángel en mi vida. Durante muchos años formé parte de su espacio.


Afortunadamente los tiempos han cambiado. Hay terapeutas y psicoterapeutas mucho más abiertos y también nosotros nos hemos abierto a buscar ayuda.


Hoy existe mayor acceso a la salud mental y ya no se estigmatiza de la misma manera. Eso me parece maravilloso.



Has hablado también del perdón. ¿Por qué ocupa un lugar importante dentro de tu proceso?


Porque perdonar no significa permitir que vuelvan a hacerte lo mismo.

Tenemos que aprender a perdonar y también a perdonarnos por aquello que permitimos. Durante muchos años normalizamos el dolor y la violencia porque parecía parte de nuestra realidad.


Yo misma me enteré de que había vivido determinadas formas de violencia muchos años después, porque para mí eran normales y naturales.


El perdón es uno de los elementos que yo relaciono con la posibilidad de avanzar.



También creaste Metamorfosis. ¿Qué descubriste trabajando directamente con otras mujeres trans?


Este año hice un entrenamiento llamado Metamorfosis, dentro de un programa dirigido a mujeres trans interesadas en procesos de desarrollo personal.


Nació de la necesidad que observé en algunas mujeres trans de superarse y buscar su autor realización.

A partir de algunos videos que hice para Televisa recibí cientos de mensajes. Decidí involucrarme personalmente en el acompañamiento porque pensé: “Nadie las va a entender mejor que yo”.


Y ahí también descubrí que todavía existe mucho trabajo de de construcción por hacer.

Incluso hubo personas que me cuestionaron por cobrar por un trabajo profesional. Yo les explicaba que quienes nos dedicamos a esto vivimos de nuestro trabajo y que también debemos normalizar que una mujer trans pueda cobrar por sus conocimientos y servicios profesionales.


Todavía tenemos mucho trabajo por hacer desde la divulgación, pero hoy el sistema y las estructuras empiezan a darnos un poco más de espacio para integrarnos.


Yo viví durante mucho tiempo prácticamente de noche. Salía muy poco durante el día y lo hacía con miedo, con la sensación de que algo podía pasarme. Por eso reconozco cuánto ha cambiado, aunque todavía falte muchísimo.


Si pudieras sentarte frente a la Michelle que estuvo al borde de la muerte, ¿qué verdad le dirías que entonces todavía no estaba preparada para escuchar?


Le diría: “Michelle Rivera es muy valiosa. Date cuenta de toda esta belleza que habita en ti y que no depende únicamente del exterior. No necesitas la aceptación ni la validación de los demás para reconocer que también eres especial”.


Le diría que es una joven brillante y que muy pronto lo va a aprender.

Hoy puedo decírselo a la distancia de 12 o 14 años, aunque para mí se siente como si hubiera sido ayer.


Este camino ha sido tan precioso, dinámico y transformador que a veces pienso: “¿Cómo puede ser que hace apenas 15 años estuviera caracterizando a Madonna?”.


Siento como si el tiempo de mi historia hubiera cambiado entre aquella versión de mí y la mujer que soy ahora.



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Desde todo lo que has vivido, ¿qué mensaje compartirías con una persona trans que hoy siente que su historia está marcada únicamente por el dolor y todavía no reconoce su propósito?


Empezaría con una frase que alguna vez me enseñaron: “Todas las historias cuentan”.

A veces pensamos que no somos importantes y decimos: “Soy solamente una trans más entre tantas”.


Pero tu historia cuenta. Tu vida cuenta. Tus talentos cuentan. Tu propósito cuenta.

Cuando empiezas a darte cuenta de eso, puedes entender que tu estancia aquí, tu identidad, tu personalidad y esa esencia que posees también tienen un propósito.



Finalmente, ¿qué viene para Michelle Rivera? ¿Nuevo libro, televisión, nuevos proyectos?


Ahora estoy muy contenta en el matutino de Televisa Guadalajara. Ya llevo dos años ahí y estoy muy feliz.


El próximo año se publica La gran metamorfosis, un libro que continúa este camino.


También estoy rediseñando un proyecto que ya existe, llamado Proyecto Transformación, que se renovará para el próximo año. Está construido alrededor de siete niveles de conciencia, como una escalera, y aborda mucho trabajo interno, personal y espiritual.

Digamos que viene una reinvención.






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